El ahogado debate sobre discriminación
He leído con mucha atención el texto de José Merino (@PPmerino) titulado “En serio, hablemos de discriminación”, en el cual se refiere al papel del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) al respecto de los presuntos comentarios discriminatorios atribuidos a Alfredo Jalife-Rahme y denunciados públicamente por miembros de la comunidad judía como León Krauze, Jorge Castañeda Gutman, entre otros.
Al igual que Merino, encuentro diversas manifestaciones de Alfredo Jalife, chocantes, ofensivas o perturbadoras (o simplemente ridículas). Sin embargo, al igual que Merino, entiendo que el derecho a la libertad de expresión protege esas expresiones tanto como aquellas que son inofensivas o bien recibidas por la mayoría de la opinión pública. Lo contrario representaría una desnaturalización de la función democrática de la libertad de expresión.
Al mismo tiempo reconozco, que el derecho a la libertad de expresión no es un derecho absoluto y que la Constitución (artículo 6º) y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Art. 13 – CADH), prevén la posibilidad de establecer restricciones, las cuales nunca (casi) pueden tomar la forma de la censura previa, sino de responsabilidades ulteriores, las cuales deben estar previstas en la ley, perseguir un fin legítimo y ser idóneas, necesarias y proporcionales. (entre otras reglas que no viene al caso profundizar, pero que vale la pena mencionar que yo interpreto con implacable estrictez, definitivamente soy partidario de que los problemas del “speech” se resuelven con “más speech”, antes que con responsabilidades ulteriores).
Al igual que Merino, de las expresiones que he tenido el infortunio de leer, no he detectado alguna que plenamente constituya una expresión discriminatoria en contra de personas que formen parte de la etnia o la religión judía. Mas bien entiendo el discurso de Jalife, como un discurso crítico del sionismo y/o de las políticas del Estado de Israel, lo cual definitivamente concuerdo no puede confundirse con antisemitismo. Aunque reconozco que mi búsqueda no ha sido exhaustiva y que el contexto es importante para estas calificaciones.
Comparto la idea atinente a que varios de los que han denunciado con estridencia el alegado antisemitismo de Jalife, lo han hecho con ligereza, sin rigor y sin aportar de manera concreta las expresiones que atribuyen ser antisemitas. Concuerdo en que esa posición se encuadra en lo descrito por @antoniomarvel como “parvadas de la bondad”, concepto que pretende describir una posición con pretendidas intenciones bonachonas, políticamente correcta, ligera, simplona y sin rigor. Es claro que esa postura lejos de aportar a un debate (necesario) sobre la discriminación en México, lo caricaturiza al punto de la irrelevancia.
Sin embargo, no concuerdo en absoluto con la crítica velada (a veces ni tan velada) al Conapred por establecer el procedimiento de conciliación voluntaria derivado de la admisión de una queja presentada por un ciudadano que se considera discriminado por las expresiones de Jalife. Me parece una crítica gratuita y distractora como a continuación fundamento.
En primer lugar considero que Merino hace una buena descripción de los alcances y naturaleza del procedimiento en Conapred (lo cual hace más incomprensibles sus conclusiones y críticas al mismo), en el sentido de que el procedimiento de queja por un supuesto acto discriminatorio entre particulares no conlleva a que Conapred imponga una sanción, ni siquiera a que califique la expresión como discriminatoria, sino una vez que es presentada la queja y esta se admite se abre un proceso de conciliación, el cual es enteramente voluntario en cualquiera de sus etapas.
En estricto sentido, el procedimiento de Conapred ni es censura previa y ni siquiera es una responsabilidad ulterior, es meramente un procedimiento en el que Conapred ofrece mediación experta en temas de discriminación, a dos particulares que VOLUNTARIAMENTE acepten someterse a dicha conciliación y discutir sobre el supuesto acto de discriminación.
A pesar de que Jalife puede no acudir a la conciliación sin problema, o acudir y levantarse de la mesa cuando le plazca y en cualquier caso el procedimiento de queja y conciliación voluntaria no produce sanción alguna, ni pronunciamiento por parte de la autoridad que califique su expresión como discriminatoria, Merino considera que de cualquier manera la sola admisión de la queja es ya una acto de autoridad que viola la libertad de expresión, bajo el argumento de que “la admisión se vuelva una noticia” y (se infiere) ello le causa un perjuicio de Jalife en sus derechos.
Se sugiere que el problema no es en sí el procedimiento de conciliación voluntaria en Conapred, sino que la mediocridad del periodismo de boletín y twitter y sus desafortunados y confundidos lectores al leer “se admite queja en Conapred” inmediatamente asumen que Conapred califica la expresión como discriminatoria, aunque no sea así. No es que viole la libertad de expresión, es que parece, y lo que parece es. Lo anterior raya en lo absurdo.
Bajo esa lógica, todo auto de formal prisión sería una violación del derecho a la presunción de inocencia. No porque el auto de formal prisión anticipe una condena, sino porque los medios y la sociedad lo confunden con sentencia condenatoria.
También se señala que Conapred “pudo no haber admitido la queja”. Cierto, pero no veo que se cumplan los elementos para ello. De acuerdo al artículo 50 de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, para que una queja no sea admitida, esta debe ser evidentemente improcedente o infundada. Si bien, al igual que Merino, no he visto una expresión atribuida a Jalife que yo considere discriminatoria, no creo que podría calificarla como “evidentemente” no discriminatoria, no creo que sea evidente, creo que de hecho hay diferencias de opinión muy importantes al respecto y que vale la pena discutir. No creo que existieran los elementos para que en un análisis prima facie de la queja Conapred la pudiera desechar.
También se menciona la preocupación por el hecho de que Conapred es una autoridad administrativa dependiente de la Secretaría de Gobernación, y se hacen dos preguntas, que asumo son retóricas: “¿Queremos que una entidad gubernamental, dependiente del Poder Ejecutivo, opine sobre opiniones de particulares?¿queremos que el gobierno nos diga qué podemos o no escribir en una red social; qué podemos o no comentar en una plática entre privados?”
Creo que nadie respondería esas preguntas con un sí. Sin embargo las preguntas en realidad no vienen al caso. Conapred no opina sobre opiniones de particulares, ni nos dice qué podemos o no escribir en una red social o qué podemos no comentar en una plática entre privados.
Finalmente, Merino hace otras preguntas que califica como “incómodas”, yo más bien las llamaría retóricas y no veo mucha complicación en su respuesta.
“¿La admisión de la queja no implica un acto discriminatorio por parte del Conapred contra Jalife?”
No. Conapred no califica la expresión como discriminatoria. En todo caso quién le atribuye calidades discriminatorias y antisemitas a las expresiones de Jalife son Krauze, Castañeda y Tribuna Israelita. Jalife puede interponer su queja en Conapred para que se abra el proceso de conciliación por considerar que la expresiones que lo califican como antisemita constituyen actos de discriminación basados en su opinión política. O simplemente puede acudir al que ya está abierto y explicarle al otro particular que su posición política contra el sionismo o Israel no es antisemita.
“¿No menoscaba, en intención o efecto, el ejercicio de sus derechos y libertades con base en sus opiniones políticas?”
No.
“¿Es ésta una interferencia justificable contra la libertad de expresión?”
No es una interferencia. Jalife, a través del procedimiento en Conapred, no afronta la posibilidad de ser sujeto de responsabilidad ulterior alguna, mucho menos censura, ni siquiera su expresión será calificada por Conapred como discriminatoria.
“¿Podrá Jalife iniciar una reclamación contra el Conapred… ante el Conapred? Evidentemente no.”
Así es. Evidentemente no. Pero si puede iniciar una queja en contra de quienes si le atribuyen a su posición política una etiqueta discriminatoria y antisemita, en caso de que Jalife rechace esa etiqueta. Entiendo que si lo hace.
“Podrá, eso sí, acudir a las instancias judiciales pertinentes si considera que se violentó su derecho constitucional a la libertad de expresión.”
No fue pregunta pero igual. Si puede, pero raya en la notoria improcedencia y definitivamente en caso de llegar al fondo, debería perder el caso en tanto la admisión de la queja en Conapred no viola su derecho a la libertad de expresión de forma alguna.
De esta forma, entre una “parvada de la bondad” que le falta rigor a su preocupación respecto del antisemitismo y otra “parvada de la bondad” que se tira al piso y acusa a Conapred, agarrándose la rodilla sin foul de por medio, la discusión sobre discriminación se ahoga en un vaso de agua. Creo que en ambas parvadas hay personas muy inteligentes de las cuales podríamos esperar contribuciones mucho más sustantivas al debate.
Al final del día, estamos discutiendo de algo relacionado con discriminación, sin duda sin la profundidad y seriedad que deberíamos, sin embargo la atribución a esa falta de madurez en la discusión yo no la pondría en Conapred, por el contrario, esta y otras discusiones sobre discriminación han sido motivadas en una parte importante a partir de la admisión de quejas y la apertura de procedimientos de conciliación.
Este procedimiento, lejos de ser violatorio de la libertad de expresión o un acto de discriminación, puede, dependiendo de nuestra madurez y seriedad, ser una gran oportunidad para discutir públicamente los diversos temas de discriminación. Es una respuesta que ante una alegada transgresión de los límites de la libertad de expresión por considerarse discriminatoria, lejos de sancionar o apuntar con un dedo flamígero, fomenta por un lado una conciliación voluntaria y privada en un ambiente de respeto y con asistencia experta en temas de discriminación y por el otro una discusión pública de la cual potencialmente todos podemos aprender mucho y eso es una contribución a la lucha contra la discriminación y también a la libertad de expresión.
Todo depende de nosotros, si decidimos ahogarnos en vasos de agua o asumir con honestidad intelectual nuestra responsabilidad de aprovechar la oportunidad de participar en una discusión inteligente desprovista de exageraciones inútiles. Será entonces que podamos decir que estamos hablando de discriminación, en serio.